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Más de 20 ovnis sobre la Luna: lo que el titular no te cuenta

Esta semana medio internet se ha llenado de un titular que parece sacado de una película de ciencia ficción: astrónomos ucranianos habrían detectado más de veinte objetos no identificados cerca de la Luna, algunos de ellos con tamaños estimados de cientos de metros e incluso kilómetros.

La historia se vuelve todavía más llamativa cuando los propios autores plantean que la Luna podría servir como base para estos objetos y que algunos de ellos podrían alcanzar la Tierra en apenas veinte minutos.

Suena a guion de Roland Emmerich. Pero antes de dar por descubierta una civilización extraterrestre en nuestro satélite, merece la pena mirar qué dice realmente el trabajo.

Lo que dice el estudio, en corto

El trabajo procede de investigadores vinculados al Observatorio Astronómico Principal de la Academia Nacional de Ciencias de Ucrania. El equipo utilizó cámaras de alta velocidad acopladas a telescopios para observar la región próxima a la Luna y afirma haber registrado más de veinte objetos no identificados.

Los autores los clasifican de forma provisional en dos grupos: «atmosféricos» y «continentales».

Los primeros aparecen aparentemente estacionarios respecto a la Luna y presentan variaciones de brillo. Según el análisis de los investigadores, los destellos duran entre 100 y 500 milisegundos y presentan variaciones periódicas de intensidad.

A partir de sus cálculos sobre el brillo y suponiendo diferentes niveles de reflectividad, los autores estiman que algunos de estos objetos podrían tener tamaños comprendidos entre 440 metros y aproximadamente 1.800 metros. Es una estimación extremadamente dependiente de la reflectividad que se atribuya al objeto, algo que los propios autores reconocen.

Pero aquí aparece un detalle que muchos titulares han pasado por alto.

Los denominados objetos «continentales» son todavía más extraordinarios. En la versión más reciente del trabajo, los autores hablan de objetos con forma de disco de aproximadamente 25 a 40 kilómetros de diámetro, además de estructuras toroidales de unos 36 kilómetros que, según sus cálculos, alcanzarían velocidades de hasta 11 kilómetros por segundo.

Es decir: las cifras que circulan por internet no proceden necesariamente de una única estimación. Se están mezclando distintos tipos de objetos y diferentes versiones del trabajo.

Destellos y objetos que parecen sincronizados

Otro de los elementos que ha llamado la atención de los investigadores es el comportamiento de la luminosidad.

El estudio señala que algunos objetos presentan variaciones periódicas de brillo y analiza sus frecuencias mediante transformadas de Fourier.

En uno de los casos, los autores encuentran una correlación estadística entre dos objetos separados por cientos de kilómetros que modificaban su brillo de forma sincronizada. El propio trabajo presenta este fenómeno como una característica llamativa, aunque una sincronización de brillo no demuestra por sí misma comunicación ni coordinación inteligente.

Y aquí conviene separar claramente observación e interpretación.

Que dos puntos de una imagen cambien de brillo de forma correlacionada es una observación.

Que estén comunicándose entre ellos es una hipótesis.

Tres motivos para leerlo con las cejas levantadas

1. Es un preprint, no una conclusión científica consolidada

El trabajo está disponible como preprint y no ha pasado por una revisión por pares que haya validado sus métodos y conclusiones. Eso no significa que sea falso ni que los investigadores no hayan observado algo interesante.

Significa que otros especialistas todavía tienen que comprobar independientemente los datos, el procesamiento y las interpretaciones.

Y en un caso tan extraordinario, esa comprobación resulta especialmente importante.

2. El mismo equipo ya recibió críticas metodológicas

Esta no es la primera investigación sobre UAP publicada por estos investigadores.

En 2022, un trabajo del mismo grupo sobre fenómenos aéreos no identificados provocó una fuerte controversia. El Consejo Científico del propio Observatorio Astronómico Principal de la Academia Nacional de Ciencias de Ucrania consideró que las observaciones eran originales, pero criticó el procesamiento e interpretación de los resultados, señalando errores importantes en la determinación de las distancias y problemas metodológicos.

Eso no invalida automáticamente sus trabajos posteriores.

Pero sí significa que sus resultados merecen ser examinados con especial atención antes de aceptar las conclusiones extraordinarias que plantean.

3. Las dimensiones que aparecen en los titulares no son todas iguales

Este es probablemente uno de los puntos más interesantes de toda la historia.

El trabajo de 2025 estimaba para los objetos atmosféricos tamaños que podían llegar a cientos de metros o varios kilómetros, mientras que los objetos denominados «continentales» eran estimados en torno a 40 kilómetros. La actualización de 2026 concreta los discos en aproximadamente 25–40 kilómetros.

Por eso algunos titulares hablan de «ovnis de un kilómetro» mientras otros hablan de objetos de 40 kilómetros.

No necesariamente se están contradiciendo: pueden estar hablando de categorías diferentes dentro del propio trabajo.

¿Y realmente dicen que la Luna es una base extraterrestre?

Sí. Y esta es probablemente la parte más extraordinaria de todo el asunto.

Los autores no se limitan a decir que no saben qué son los objetos. En la versión de marzo de 2026 llegan a afirmar que creen que la Luna sirve como base para los UFOs y que estos podrían alcanzar la Tierra en unos veinte minutos. También interpretan determinados comportamientos como indicios de una civilización tecnológicamente avanzada.

Pero hay que tener presente algo fundamental:

esa es la interpretación de los autores, no una conclusión independiente de la comunidad astronómica.

No existe actualmente una confirmación independiente que demuestre que esos objetos sean naves extraterrestres, que exista una base en la Luna o que pertenezcan a una civilización no humana.

Y esa diferencia cambia completamente la historia.

El ingrediente que lo ha hecho viral

El asunto ha explotado en redes y medios durante los últimos días, precisamente porque combina varios ingredientes difíciles de ignorar: astrónomos, objetos gigantes, la Luna, UAP y la posibilidad de una civilización tecnológicamente avanzada.

Algunos medios han convertido rápidamente el preprint en titulares sobre una posible actividad extraterrestre lunar, mientras que en las comunidades especializadas se ha repetido una advertencia mucho más sencilla: el trabajo todavía no ha sido revisado por pares ni confirmado independientemente.

Es un ejemplo perfecto de cómo una observación preliminar puede transformarse en cuestión de horas en una historia completamente diferente cuando entra en la maquinaria de la viralidad.

La pregunta que de verdad interesa

El titular fácil sería:

«Astrónomos descubren más de 20 ovnis gigantes sobre la Luna.»

El titular honesto es bastante más interesante:

«Un grupo de investigadores afirma haber detectado más de 20 objetos no identificados cerca de la Luna y propone una interpretación extraordinaria que todavía no ha sido verificada de forma independiente.»

La diferencia entre ambas frases es enorme.

¿Estamos ante artefactos ópticos, errores de interpretación, fenómenos todavía desconocidos o algo realmente extraordinario?

Por ahora, no lo sabemos.

Y precisamente por eso merece la pena seguir la historia.

Porque si otros observatorios consiguen reproducir las observaciones y confirmar que esos objetos realmente existen, estaremos ante algo extraordinario.

Si, por el contrario, aparecen explicaciones convencionales para las imágenes, tendremos otro ejemplo fascinante de cómo una observación aparentemente inexplicable puede convertirse en un fenómeno viral antes de haber sido estudiada a fondo.

Seguiremos la pista. Si nuevas observaciones independientes confirman o desmienten las conclusiones, actualizaremos este artículo.

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